• julio 18, 2019
  • Mitos y realidades

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  • Detalle de lo tratado

    1. Los problemas son malos
    2. Mi pasado me persigue
    3. El éxito es lo opuesto al fracaso
    4. Importa lo que la gente piense de mí
    5. Si todos mis deseos se hicieran realidad, la vida sería perfecta

    Mito #1: Los problemas son malos

    Pasaste tus años escolares resolviendo problemas aburridos, por lo que, lógicamente, aprendiste que los problemas son un fastidio. Pero ¿será cierto?

    ¿Me creerías si te digo que, en realidad, los problemas son maravillosos pues cada uno lleva en sí mismo la semilla de su solución? Y más aún, ¿me creerías si te digo que encontrar la solución a cada problema le da gusto a la vida y también nos ayuda a crecer?

    Si te cuesta creerme, aquí van algunos ejemplos:

    • Tienes problemas en tu trabajo: no te llevas bien con tu jefe, o no ganas lo suficiente para mantener a tu familia, o trabajas demasiadas horas.
      • ¿No será una señal de que quizás sea tiempo de buscar otro trabajo? ¿De cambiar de carrera? ¿De volver a estudiar? ¿De hacer lo que siempre quisiste pero nunca te atreviste?
    • Tienes problemas en tu matrimonio: últimamente discuten mucho, ya no disfrutan como antes el estar juntos o no tienen de qué hablar.
      • ¿No será tiempo de dedicarle más atención a tu pareja? ¿De conversar juntos sobre las razones por las cuales están distanciados? ¿De buscar la ayuda de un consejero matrimonial?
    • Tienes problemas con tu hijo adolescente: le está yendo mal en la escuela, te falta el respeto, no apruebas los amigos con quienes se junta.
      • ¿No será tiempo de que evalúes la manera en que lo estás criando? ¿El tiempo y atención que le dedicas? ¿Qué le pongas límites y se los hagas cumplir? ¿Qué busques la ayuda de un consejero profesional?

    Mito #2: Mi pasado me persigue

    Es cierto que los acontecimientos dolorosos nos dejan cicatrices, pero también es cierto que, en gran parte, se pueden borrar.

    La neuro-anatomista Jill Taylor sufrió un derrame cerebral que borró su memoria. Más tarde describió el evento como una pérdida de «37 años de carga emocional», ya que logró reconstruir su cerebro, menos el drama. Y parece ser que todos podemos efectuar un cambio similar, sin tener que sufrir un derrame cerebral.

    Haciendo lo mismo que estás haciendo en este momento, o sea, cuestionando tus pensamientos y creencias habituales, puedes comenzar a descargar patrones de conducta antiguos. Por ejemplo:

    • 1. Piensa en un problema que te ha estado preocupando. Por ejemplo:
      1. No voy a tener tiempo de terminar todas mis tareas.
    • 2. Ahora piensa en tres razones por las cuales ese pensamiento puede estar equivocado, como:
      1. Todas las veces pienso lo mismo, y al final nunca es cierto.
      2. Si no lo dejo para último momento, podré hacer todo.
      3. Me voy a organizar bien, y lo lograré.

    Pronto notarás cómo tu cerebro comenzará a dejar ir ese pensamiento o creencia que te condicionaba. Taylor se quedó encantada con esta pérdida de pensamiento. A ti te sucederá lo mismo.

    Mito #3: Fallar es fracasar

    Lo cierto es que desde dejar de fumar hasta aprender a esquiar, tenemos éxito en la medida en que lo intentamos, fracasamos y aprendemos de esos fracasos.

    Los estudios muestran que las personas que se preocupan excesivamente por sus errores, se cierran al éxito. En cambio, las personas que no permiten que sus errores las detengan, sino que siguen intentándolo, pronto aprenden a hacerlo bien. Ejemplos:

    1. Un ejemplo típico es el niño que aún no sabe caminar. ¿Cuántas veces se para, da un paso y se cae, y cuántas veces se levanta y vuelve a hacer lo mismo, hasta que aprende a caminar?
    2. Otro ejemplo es el niño que está aprendiendo a patinar sobre hielo.

    Mito #4: Importa lo que la gente piense de mí

    Aquí vamos a hablar de esa famosa pregunta que por lo general ni siquiera sale de nuestra boca, pero siempre anda rondando por nuestra mente. Porque cada vez que vamos a hacer (o no hacer) algo, cada vez que tenemos que tomar una decisión, una de las cosas que casi siempre pensamos, es: «¿Qué van a pensar de mí los demás?» ¿Qué van a pensar si…? Y tú puedes terminar la oración.

    El problema es que, cuando le damos tanto poder a lo que piensan «los demás», les estamos dando un control sobre nuestra vida que no les corresponde tener. Y cuando hacemos esto, es fácil caer en la desesperación y la depresión, algo muy común hoy día, especialmente entre nuestros jóvenes.

    Pero la verdad es que, por más que nos esforcemos, no podemos controlar (y por lo general ni siquiera cambiar) lo que los demás piensan de nosotros.

    Lo que sí podemos controlar es:

    1. nuestra imaginación, es decir, las cosas que nosotros imaginamos que los demás están pensando de nosotros… ¡que el 99.9% de las veces NO SON CIERTAS!, y
    2. cuánto permitimos que los demás afecten nuestra vida.

    PREGUNTA: ¿Qué harías diferente si no te importara lo que la gente piensa de ti? Piensa por un momento:

    • ¿Te comportarías de la misma manera?
    • ¿Te vestirías de la misma forma?
    • ¿Tendrías los mismos amigos?
    • ¿Frecuentarías los mismos lugares?
    • ¿Seguirías en el mismo trabajo?
    • ¿Estudiarías lo que estás estudiando?

    Mito #5: Si todos mis deseos se hicieran realidad, la vida sería perfecta

    Te desafío a que lo compruebes. Mires donde mires, verás que las personas que tienen lo que tú quieres, están en clínicas de rehabilitación, en tribunales de divorcio, en cárceles y en cementerios.

    ¿Por qué? Porque, al igual que cualquier medicamento o analgésico, la buena fortuna tiene efectos secundarios. O sea, cualquier cosa externa de la que dependamos para sentirnos bien, tiene en sí misma el poder de hacernos sentir mal.

    Es claro que no tiene por qué ser así en todos los casos siempre.

    • Podemos tener dinero sin alardear por ello ni dejar que nos lleve por el mal camino, e incluso podemos utilizarlo para hacer obras filantrópicas.
    • Podemos llegar a un puesto de poder sin permitir que se nos suba a la cabeza, y aprovechar la influencia que tenemos para el bienestar de nuestra comunidad.
    • Podemos ser famosos y seguir manteniéndonos con los pies en la tierra, usando nuestra fama para influenciar a la sociedad para el bien.

    Pero la verdad es que nuestra satisfacción y contentamiento en la vida no depende de que seamos ricos, poderosos o famosos, de las cosas que tengamos o de que nuestros deseos se hagan realidad. Las cosas no nos hacen felices. Cuando pensamos en los momentos más felices de nuestra vida, rara vez se deben a algo que poseemos, a una promoción o a algo que hemos adquirido. Por el contrario, las cosas que encabezan la lista son las experiencias significativas que vivimos, ya sea en forma personal, o con nuestros seres queridos.

    Entonces, la propuesta para hoy es comenzar a vivir deja de medir la vida en términos de posesiones que no tienen más que un valor momentáneo, y aprovechar las oportunidades que se nos presenten para crear experiencias que agreguen mayor valor y profundidad a nuestra vida.


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