• junio 6, 2019
  • Padres estresados

  • Regresa

  • Ser padres es una de las experiencias más gratificantes y a la vez más complejas. Cada uno de nosotros llega a ella con su propia historia y poco o nada de preparación, y a su vez cada uno de nuestros hijos llega al mundo con sus propias características.

    Es por ello que tan a menudo nos estresamos. Y si bien un poco de estrés es bueno porque nos da energía y nos mantiene motivados, ya deja de ser bueno cuando se convierte en una fuente de tensión que nos afecta no sólo a nosotros, sino también a quienes nos rodean.

    En la actualidad, la norma es hacer muchas cosas al mismo tiempo, y la tecnología moderna nunca nos permite «desenchufarnos», lo cual nos causa un «estrés perjudicial».

    Algunas de las consecuencias de vivir con ese estrés prejudicial, son:

    * irritabilidad,
    * agitación,
    * mal humor,
    * mala memoria,
    * impaciencia,
    * menos sentido común y
    * menos concentración.

    ¿Qué podemos hacer cuando nos hallamos en ese torbellino de emociones que tanto nos cuesta controlar?


    Practicar en forma rutinaria un buen
    cuidado de uno mismo.


    Practicar en forma rutinaria un buen cuidado de uno mismo ayuda a manejar parte de la tensión de ser padre o madre. He aquí algunas sugerencias.

    1. Identifica las situaciones que te estresan. Es común que nos estresemos cuando día tras día enfrentamos las mismas situaciones que son causa de discusiones o peleas. Por ejemplo:
      a. la hora de que los niños hagan la tarea;
      b. la hora de tomar un baño o de cepillarse los dientes;
      c. cuánto tiempo pueden jugar con sus electrónicos;
      d. etc., etc., etc.
      e. Todas estas situaciones pueden ser evitadas si establecemos un horario, lo comunicamos claramente a nuestros hijos y lo hacemos cumplir.

    2. Pide ayuda. Los padres a menudo no se dan cuenta de que otras personas (como el maestro, consejero o pediatra de su hijo) tal vez puedan ayudarles, tanto a ellos como al niño. Está bien acudir a otra persona en busca de ayuda.
    3. Respeta tus propios límites. A algunas madres les encanta cocinar con sus hijos; otras, en cambio, no soportan tener al niño a sus pies en la cocina. Cada uno de nosotros tiene sus puntos fuertes y limitaciones y es importante aprender a reconocerlos y aceptarlos en lugar de echase la culpa: «¿Qué hay de malo conmigo? ¿Por qué no puedo ser como los demás padres?»
    4. Practica el diálogo interno. Considera la forma en que encuadras mentalmente las situaciones estresantes. Por ejemplo, si el bebé está irritable, en vez de decir «nunca se va a calmar», piensa: «está pasando un mal día y necesita un poco más de mi amor y atención».
    5. Haz ejercicio. No hay nada mejor para el cuerpo o la mente que el ejercicio. Basta un poco para obtener un gran beneficio.
    6. Escucha tu música favorita o sal a caminar. Esto puede ayudarte a despejar la mente. A veces bastan sólo cinco minutos para volver a centrarse.
    7. Relájate. Siéntate en un lugar tranquilo, cierra los ojos y concéntrate en tu respiración, alargando cada vez más las exhalaciones. Al respirar más lentamente te llegará más oxígeno al cerebro y podrás pensar con más claridad.
    8. Ríete con tus niños. ¡Los niños dicen las cosas más divertidas! Trate de disfrutar esos momentos.
    9. Apóyate en tus afectos. Pasar tiempo con sus seres queridos es beneficioso tanto para ti como para ellos.
    10. Date tiempo para llamar a un amigo simplemente para conversar un rato.
    11. Recuerda que no estás solo y que todos los padres sienten estrés en algún momento.

    La clave es tomarse el tiempo para hacer las cosas que a uno le hacen bien y que uno disfruta.


    Tomarse tiempo para hacer las cosas que a uno
    le hacen bien y que uno disfruta.


    Aunque ningún padre es perfecto, ¡a veces esperamos ni más ni menos que eso de nosotros mismos! El resultado es que nos concentramos tanto en nuestras imperfecciones, que no nos damos cuenta de todo lo que estamos haciendo bien con nuestros hijos.

    • Es normal que pensemos demasiado en lo negativo, en los problemas que tenemos con nuestros hijos y en lo que podríamos hacer mejor la próxima vez.
    • Pero también es importante reconocer las cosas positivas que tenemos con nuestros niños.

    ¿Qué podemos hacer para repetir y aumentar esas cosas positivas que tenemos con nuestros niños?

    Algunas ideas:

    • Convierte lo negativo en positivo. En lugar de decir «¡Basta!» o «¡Deja de hacer eso!», dile a tu hijo en forma positiva lo que quieres que él o ella haga.
      Ejemplo: en vez de decirle «no tires tu ropa al suelo», le puedes decir «pon la ropa en el cesto».

    • Acepta los sentimientos de tu hijo. Para desarrollar una relación más estrecha con tu niño, reconoce y acepta la forma en que él o ella se siente.
      Ejemplo: si tu hija está enfadada porque su globo acaba de estallar, le puedes decir: «me doy cuenta de lo apenada que estás. Te gustaba mucho ese globo, ¿no es cierto?»

    • Expresa tus sentimientos con delicadeza. A veces es imposible no enojarse. Aprende a reconocer los primeros signos de ira y hazle saber a tus hijos cómo te hace sentir su comportamiento.
      Ejemplo: «He invertido mucho tiempo en preparar esta cena. Me gustaría que al menos la probaran».

    • Reconoce lo que estás haciendo bien como padre o madre. En otras palabras, no permitas que los desafíos diarios te abrumen y no te permitan ver las cosas positivas que estás haciendo. El hacerlo influye en la actitud que tenemos hacia nosotros mismos y esto, a su vez, hace que nuestros hijos se sientan seguros en nuestra presencia.
    • Celebra los logros. La próxima vez que tu hija o hijo haga algo tan pequeño como decir «por favor» o «gracias» o comparta un juguete, celébralo como un bueno momento tuyo como madre o padre y también un logro de tu niño en su desarrollo.

    En definitiva, eliminemos de nuestro vocabulario palabras como «bien» y «mal» y prestemos más atención a lo que está pasando en la vida de nuestros hijos y en nuestras relaciones.

    Por ejemplo:

    • ¿Estamos observando un crecimiento en el comportamiento de nuestros hijos?
    • ¿Están mostrando conductas positivas en su relacionamiento con los demás?

    Esos son indicadores de una crianza positiva que nos afirman en nuestro rol de padres.


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