• noviembre 4, 2021
  • Diferentes en la percepción de la realidad – Parte 1

  • Regresa

  • Introducción
    En este programa vamos a hablar acerca de las diferencias que tenemos los hombres y las mujeres en la percepción de la realidad y cómo manejar el tema del diálogo en la pareja para llegar a evitar las discusiones.

    Dialogar es todo un arte, es el arte de buscar entre dos o más personas una verdad, una solución, una respuesta, partiendo tal vez desde puntos de vista distintos, de prejuicios personales, de formas propias de ver la realidad. Este arte es hermoso, pues acerca a los seres humanos. Es un arte que supone actitudes de respeto, de humildad, de amor a la verdad.

    Pero, lamentablemente, la forma más común con la cual los seres humanos nos relacionamos, es discutiendo. La discusión es una falsa forma de diálogo que hiere, que crea resentimientos, que impide encontrar la verdad de las cosas.

    También en este tema la mujer y el hombre actúan de forma diferente, y desde estas diferencias con frecuencia el trato entre ambos es muchas más veces una discusión infructuosa que un diálogo conciliador y constructivo. En la relación de pareja muchos de los momentos más difíciles de los cónyuges obedecen a discusiones inútiles que en lugar de favorecer la armonía y el encuentro, aleja a los cónyuges entre sí, provocando daños irreparables a la vida conyugal.

    Veamos entonces algunos puntos que pueden ayudarnos a mantener un diálogo, en vez de caer en una discusión.

    1. Reacciones diferentes

    Como hemos venido reflexionando a lo largo de estos programas, mujer y hombre son tan distintos, que lógicamente tiene que ser casi necesaria su distinta percepción de las cosas. No es malo que entre mujer y marido se dé una percepción distinta de las cosas. Al revés, ello puede convertirse en un elemento enormemente válido para enriquecer los puntos de vista en común.

    Sin embargo, con frecuencia esta percepción se convierte en motivo de desacuerdo, de alejamiento, de resentimiento. El problema pues, no está en la distinta percepción de las cosas, sino en la mala comunicación. Sin casi darse cuenta, se pasa del diálogo a la discusión, es decir, a herirse el uno al otro, a negar lo dicho por el otro, a querer a ultranza imponer una forma de ver las cosas que se acomode al gusto propio.

    Si profundizamos un poco en este problema, nos encontramos que con frecuencia en el diálogo el hombre automáticamente se siente desafiado, en lugar de interpelado, y la mujer atacada en lugar de consultada. Al sentirse desafiado, el hombre se pone inmediatamente a la defensiva mediante el silencio, mientras que, al sentirse atacada, la mujer pierde la ecuanimidad emocional.

    Cuando el hombre se siente desafiado se centra en tener la razón, perdiendo su capacidad de mantenerse afectuoso y sereno, usando a veces un tono desconsiderado y hasta despreciativo; piensa que atacando logra imponer su criterio. Por su lado la mujer al sentirse atacada emocionalmente se altera, perdiendo objetividad; y la falta de objetividad complica la solución de las cosas.

    2. Actitudes diferentes

    Frente a una discusión, el hombre adopta una de dos actitudes.

    1. O «Pelea», es decir adopta una posición generalmente ofensiva; se lanza al ataque, juzga, acusa, critica y se esfuerza por hacer quedar mal a la otra persona. Con frecuencia pierde el control y grita, buscando intimidar, y cree haber vencido cuando la otra persona se amilana.

    2. O «huye», es decir, para evitar el enfrentamiento, se retrae y esconde, negándose a hablar. Esta es una postura pasivo-agresiva que exaspera a la mujer.

    Por su parte la mujer, frente a una discusión, adopta una de las siguientes actitudes.

    1. Trata de «fingir», es decir, actúa como si no hubiera problemas, llegando incluso a forzar una sonrisa, lo cual a la larga termina creando resentimientos e ira. No es bueno negar los sentimientos y necesidades para evitar la posibilidad de un conflicto.

    2. O «cede», es decir, asume la culpa y la responsabilidad por lo que sea, pudiendo caer en depresiones o problemas graves de autoestima.

    Ninguna de estas cuatro actitudes son sanas para el manejo de los conflictos o de las discusiones, ya que ninguna de ellas busca construir algo positivo para la pareja y para su hogar.

    En la segunda parte de este tema vamos a hablar sobre las ideas preconcebidas que existen en el interior del hombre y de la mujer, y que muchas veces son la causa de la falta de diálogo y de las constantes discusiones.

    Conclusión

    En este programa conversamos acerca de las diferencias que tenemos los hombres y las mujeres en la percepción de la realidad. Hemos visto que la mujer y el hombre reaccionan de forma diferente, y desde estas diferencias con frecuencia el trato entre ambos es muchas más veces una discusión infructuosa que un diálogo conciliador y constructivo.

    Recordemos que la pareja no tiene simplemente «que soportarse». El amor debe crecer y crecer mucho. Debe convertirse en el garante de la propia felicidad y de la duración del mismo matrimonio. Más allá de una estética de fidelidad o deber, o de miedo a volver a empezar, el matrimonio debe basarse sobre la alegría y el gozo de sentirse amados y de amar, de comprender y de sentirse comprendidos, de respetar y sentirse respetados.

    Propongámonos seriamente conocer a fondo la realidad del sexo opuesto, partiendo de la base que Dios nos hizo diferentes para enriquecernos a través de esas diferencias.

    Te invitamos a que vayas a la sección Recursos y descargues en forma gratuita el folleto
    «Cómo resolver los conflictos».


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