• junio 2, 2022
  • Cómo pedir perdón

  • Regresa

  • Introducción

    «A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho» (Jacinto Benavente).

    En este programa vamos a seguir hablando sobre el perdón, pero específicamente sobre pedir perdón y perdonarnos a nosotros mismos. Si no has escuchado el programa anterior, te animamos a que lo busques y escuches en esta página. Pero puedes escuchar este episodio sin haber oído el primero.

    En la primera parte de este programa decíamos que es muy fácil hablar del perdón, pero que es mucho más difícil ponerlo en práctica. Y lo peor es que no nos gusta que nadie nos diga que necesitamos perdonar. Mucho menos queremos oír un podcast que nos recuerde que tenemos que perdonar. Así que antes de comenzar queremos felicitarte por tomarte el tiempo para escuchar y aprender un poco más acerca del perdón. Quédate con nosotros. El perdón trae consigo regalos maravillosos.

    La realidad es que todos necesitamos ser perdonados… y todos necesitamos perdonar. Veamos entonces cómo el pedir perdón y perdonarnos a nosotros mismos puede llevarnos a una paz transformadora.

    Queremos aprovechar para ofrecerte nuestro folleto titulado «Perdonar es dar y recibir» que puedes descargar gratis en la sección «Recursos». Allí podrás encontrar más detalles en cuanto a este tema y puede ser una herramienta para ayudarte a sanar, perdonar y pedir perdón.

    Recordemos que perdonar es solicitar u otorgar a alguien la remisión de una obligación o una falta. El perdonar o pedir perdón, entonces, no es una respuesta a una disculpa, ni tampoco un simple sentimiento, sino una acción que se elige realizar.

    Los beneficios del pedir perdón

    En un artículo muy interesante, Andrés Carillo menciona 6 beneficios de pedir perdón que quisiera compartirlos con ustedes.

    1. Al pedir perdón nos quitamos un peso de encima, la carga emocional que tenemos sobre nosotros cuando sentimos que debemos pedirle perdón a alguien.

    2. El pedir perdón nos hace mejores personas porque crecemos y nos volvemos más nobles. Cuando somos capaces de aceptar que estábamos equivocados y que alguien merece una disculpa, estamos reforzando nuestra integridad y convirtiéndonos en una mejor versión de nosotros mismos.

    3. El pedir perdón nos ayuda a reconocer nuestros errores. Cuando nos autoevaluamos y reconocemos nuestros errores, cumplimos mejor nuestras metas. Quien no acepta sus equivocaciones, muy probablemente se tropezará con ellas una y otra vez.

    4. El pedir perdón mejora nuestra convivencia con los demás, y el trato con los demás se vuelve más ameno cuando no existen riñas pendientes.

    5. El pedir perdón contribuye a nuestra salud física y mental porque muchas dolencias físicas están relacionadas con los altos niveles de angustia y estrés que tienen las personas cuando no se sienten bien con algo que hacen o han hecho.

    6. El pedir perdón previene momentos incómodos en el futuro, porque cuando pedimos perdón cerramos un ciclo, damos vuelta la página.

    Cómo pedir perdón

    Definitivamente que vale la pena saber pedir perdón. Hay personas a quienes no se les acostumbró desde pequeños a pedir perdón y entonces les cuesta mucho hacerlo siendo adultos. Por eso queremos hacer hincapié en inculcarles a nuestros hijos desde pequeños que cuando hacen algo que no deben, es necesario disculparse. Pero nunca es tarde para cambiar y comenzar. Si usted creció sin disculparse, aún puede aprender.

    Y es que todos necesitamos nuevos comienzos a diario. Cada vez que podemos disculparnos debemos hacerlo porque las cosas pequeñas se convierten en cosas grandes cuando las dejamos pasar.

    Veamos algunos consejos para pedir perdón de manera correcta y saludable:

    #1 Analiza tu conducta y reconoce que has causado daño

    Debemos evaluar y aceptar con honestidad el daño que hemos causado y cómo este afectó a otros, aunque sin juzgarnos con demasiada severidad. Pedir perdón significa pedirle a la otra persona que renuncie a su derecho a culparnos y castigarnos por lo que le hicimos y pone el futuro de la relación en sus manos, lo que nos hace vulnerables al rechazo.

    #2 Arrepiéntete genuinamente

    Cuando estamos arrepentidos de algo que dijimos o hicimos, estamos prontos para hablar de cómo nos sentimos al respecto y de pedir perdón sin dar excusas. Podemos decir algo así como: «Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para no hacer lo mismo de nuevo». O «Esto es lo que he aprendido para no repetir eso.» Cambia verdaderamente tus acciones y haz un plan para asegurarte de que no lo volverás a hacer. Sigue tus palabras con acción.

    #3 Pide perdón

    Puedes decir algo así como: «Lo que hice estuvo mal y siento mucho haberlo hecho. Te pido que me perdones.» Así estás reconociendo tu error, aceptando tu culpa y mostrando que estás arrepentido y que lo lamentas. No digas simplemente «lo siento», sino hazte responsable por tus acciones. Sé lo más específico posible para que la persona a la que has herido sepa que realmente te estás disculpando por lo que la lastimó. Pero recuerda que no podemos forzar a nadie a que nos perdone. Cada uno llega a la etapa del perdón cuando está listo. Pase lo que pase, nos comprometemos a tratar a todos con compasión, empatía y respeto.

    #4 Si es posible, haz restitución

    Cuando las circunstancias lo permitan, es aconsejable hacer restitución. Puedes decir algo así como: «¿Cómo puedo reparar lo que hice?» o «¿Podemos empezar de nuevo?» A veces nuestras palabras son suficientes, pero otras veces es necesario también hacer algo. Un ejemplo: «Perdón por haber olvidado recoger tu ropa de la tintorería; sé que la necesitabas para tu reunión mañana. ¿Tienes alguna otra ropa que yo pueda plancharte esta noche para que uses mañana?»

    Conclusión

    Después de haber decidido pedir perdón, solamente te toca hacerlo y esperar. No está en ti que la persona te otorgue su perdón. Puede que te perdonen, puede que no. Y a veces la herida ha sido tan profunda, que la persona te perdona, pero también elije alejarse de ti. Y tiene derecho a hacerlo. Cada uno debe cuidar su vida física, emocional y espiritual, por lo que cuando alguien resulta nocivo o tóxico, es aconsejable alejarse.

    Y esto nos lleva al punto final de nuestro programa. ¿Qué pasa cuando honestamente hacemos todo lo que podemos para ser perdonados, pero no lo somos? Descansa tranquilo porque ya eso está en manos de Dios.

    Muchas veces perdonamos a los demás con más facilidad que a nosotros mismos. ¡Pero recuerda que los mismos principios se aplican a ti! Dios realmente te perdona, así que, si te resulta difícil perdonarte a ti mismo, recuerda que Dios te ama tanto que entregó a su propio Hijo para que seas perdonado y que puedas perdonar. El pedir perdón y perdonarnos a nosotros mismos nos lleva a una paz transformadora.

    Y recuerda, cuando alguien se disculpe contigo, NO digas: «Está bien, no es nada, no te preocupes», mejor di: «¡Te perdono!»


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