• febrero 3, 2022
  • ¿Por qué suceden cosas malas? – Parte 2

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  • INTRODUCCIÓN
    En el programa anterior comentábamos que pareciera como si el mundo entero estuviera jugando el partido de la vida, estando lastimado y a pesar de la interminable lista de cosas malas que vemos a nuestro alrededor y en nosotros mismos. Y en medio de tanta tragedia y dolor nos preguntamos ¿Cómo puede Dios ser bueno y permitir tanto mal? ¿Qué está haciendo Dios cuando sufrimos? ¿Por qué existen el dolor y el sufrimiento?

    En el programa de hoy vamos a continuar hablando de estos temas, utilizando como base un folleto muy interesante titulado «¿Por qué suceden cosas malas?». Lo hemos hecho disponible de forma gratuita en la sección de recursos de esta página web.

    En el programa anterior dijimos que los desastres y las pruebas no vienen de Dios, sino que son el resultado de las elecciones pecaminosas que hacemos los humanos. Aun así, Dios es tan sabio y poderoso que puede tomar las cosas malas que nos pasan y volverlas en algo que sirva para nuestro bien. ¿Por qué? Porque a pesar de nuestra desobediencia, Dios sigue amándonos. Veamos, entonces, cómo obra Dios este milagro de hacer que las cosas funcionen para bien.

    DOLOR: EL MEGÁFONO DE DIOS
    Cuando los problemas nos oprimen, a menudo nos preguntamos si será que Dios nos está castigando y buscamos el pecado exacto que podría haber causado nuestros problemas. Sin embargo, en la mayoría de los casos sería más beneficioso preguntar: ¿Será que Dios me está alertando? A veces Dios nos permite pasar por problemas para advertirnos de lo tonto que es vivir sin Él y para que nos volvamos a Él.

    Es que mientras las cosas van bien, descansamos contentos en nuestra rebelión y tontería. Pero cuando el dolor exige nuestra atención completa e inmediata, las cosas son distintas. Permíteme parafrasear lo que escribió C.S. Lewis en su libro El problema del dolor:


    Dios nos susurra a través de nuestros placeres, nos habla a través
    de nuestra conciencia, pero nos grita a través de nuestro dolor.

    El dolor es el megáfono de Dios para despertar a un mundo sordo.

    Entonces, cuando consideras las pruebas por las que pasas, no te preguntes: «¿Será que Dios me está castigando?», sino más bien pregunta: «¿Será que el Señor me está advirtiendo y llamándome a volver humildemente a Él y recibir su bondad y amor?»

    Nuestras aflicciones tienen un propósito. A menudo Dios usa el dolor como un megáfono para despertar a un mundo sordo. ¿Estás escuchando?

    REFINADO COMO LA PLATA
    ¿Alguna vez has observado a alguien refinando plata? Primero, el orfebre coloca el metal precioso sobre fuego intenso hasta que se derrite. Luego, con la mayor paciencia, permanece sentado durante mucho tiempo eliminando periódicamente las impurezas que suben a la superficie, hasta que la plata es pura y apta para ser moldeada en una hermosa obra de arte.

    La Biblia dice que Dios es como un refinador que se sienta y purifica la plata (Malaquías 3:3). Cuando somos probados por el fuego, el Señor puede eliminar las impurezas del pecado de nuestro carácter y convertirnos en algo exquisitamente bello.

    ¿Cómo sabe el orfebre cuando todas las impurezas han sido refinadas de la plata? Cuando puede ver su rostro reflejado en la superficie lisa del metal fundido. Esa es también la meta de Dios. Él permite que las pruebas vengan en nuestro camino pero no para lastimarnos ni desanimarnos, sino para que la imagen de nuestro Padre fiel se vea más claramente en nuestra vida. Entonces reconoceremos que Dios hace todas las cosas para nuestro bien.

    Dios permite que nos lleguen pruebas para que seamos refinados y más compasivos. Nuestro problema es que muchas veces no queremos mejorar. Un buen padre disciplina a su hijo no porque le disguste, sino porque lo ama y quiere que tenga éxito en la vida.

    De la misma forma, como nos dice la Biblia, Dios también «nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están sufriendo, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (2 Corintios 1: 4).

    El hecho de que Dios disponga todas las cosas para el bien de los que lo aman, no significa que quienes confían en Dios nunca sufrirán. Lo que sí significa, es que nunca sufrirán sin un propósito. Las personas malvadas pueden causar todo tipo de sufrimiento y conflicto, pero Dios promete hacer que esos propósitos malvados resulten en bendición para sus hijos.

    DIOS TAMBIÉN TIENE CICATRICES
    Todos conocemos personas que han sufrido injustamente, pero permíteme contarte sobre el hombre que fue tratado de la manera más injusta en la historia. Él no merecía el miserable destino que tuvo. Toda su vida la pasó al servicio de los demás, sanando a los enfermos, amando a los solitarios y siendo misericordioso con los culpables. Dondequiera que fuera lo seguían multitudes porque su actitud compasiva, sus palabras y sus acciones calmaban sus corazones doloridos.

    Uno pensaría que todos admirarían a un hombre así, pero él tenía sus enemigos. Uno de sus amigos aceptó un soborno para entregarlo a las autoridades, quienes lo juzgaron por delitos que nunca había cometido. La parodia de juicio llegó a la atención de dos funcionarios del gobierno quienes tenían la autoridad para liberarlo. Pero uno lo ridiculizó y el otro se lavó las manos, dejando que un inocente muriera una muerte insoportable.

    Su nombre es Jesús. En la cruz, Jesús sufrió todo el castigo que tú y yo merecíamos por nuestra desobediencia a la voluntad de Dios. Nosotros deberíamos haber sido ejecutados. Deberíamos haber sido crucificados. Deberíamos haber sido sentenciados al exilio en el infierno. Pero Jesús cargó con todo en nuestro lugar.

    CONCLUSIÓN
    Podemos decir con certeza que Dios saca algo bueno del sufrimiento. Por ejemplo:

    1. El dolor nos advierte que regresemos al Dios de amor.
    2. A través de las pruebas, Dios refina nuestro carácter.
    3. Dios puede permitirnos pasar por pruebas que finalmente resultarán más favorables para nosotros de lo que podríamos haber imaginado.
    4. Jesucristo soportó voluntariamente el sufrimiento más duro en nuestro lugar.

    Todo esto demuestra que «en todas las cosas, Dios obra por el bien de los que lo aman, que han sido llamados de acuerdo con su propósito». ¿Cuál es el propósito de Dios? Es restaurar a las personas a una relación viva con Él.

    Él activamente llama a todos a reconciliarse con Él y conocer su amor. El Señor te está llamando ahora mismo para que puedas encontrar consuelo en su amor perdonador. Para responder a su amor, todo lo que necesitas hacer es arrepentirte de tus pecados y depositar tu confianza en Cristo.

    Un día mirarás hacia atrás y verás que tu tiempo de sufrimiento fue solo un breve período de preparación para las infinitas alegrías del cielo. Nunca olvides, querido amigo: «El dolor pasa, pero la belleza permanece».

    Dios le encuentra un buen propósito a cada dolor, cada lágrima y cada desgracia. A través de nuestras pruebas Dios nos advierte y nos llama a sí mismo. Él nos disciplina por nuestro propio bien. Él nos guía a través de tiempos difíciles porque sabe que al final serán una bendición. Y Él concede a algunos el honor de mostrar su fe en Él en medio del dolor.


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