• noviembre 26, 2020
  • Amar a quien ha fallado

  • Regresa

  • Detalle de lo tratado
    Introducción
    La búsqueda de independencia e identidad
    Clases de fracasos
    Agradeciendo por nuestros fracasos y errores

    Introducción

    En esta temporada de Sentido Latino estamos aprendiendo cómo satisfacer la necesidad de amor de nuestros hijos adolescentes, para así poder establecer el fundamento que nos permita influir para bien en ellos en todas las esferas de sus vidas.

    Basándonos en el libro del Dr. Gary Chapman titulado «Los 5 lenguajes del amor de los jóvenes», hoy estaremos hablando acerca de cómo demostrar amor y perdón a nuestros hijos cuando han fracasado o cometido errores, y también aprenderemos a darle gracias a Dios por nuestros errores y los de ellos.

    La búsqueda de independencia e identidad

    Desde las culturas más antiguas hasta la cultura del siglo 21, los problemas subyacentes de los adolescentes han sido los mismos: independencia e identidad propia. Y en esa búsqueda de independencia e identidad propia, muchas veces los jóvenes cometen errores o fracasan.

    El psicólogo John Rosemond dijo: «Una buena crianza significa hacer las cosas bien cuando un hijo las hace mal».

    Y de esto trata este episodio: de nuestra buena respuesta a las malas elecciones de nuestros hijos adolescentes.

    Clases de fracasos

    No todos los terremotos son de la misma magnitud: hay terremotos que apenas se sienten y hay otros que llegan a medir 7,5 en la escala Richter. Obviamente, las repercusiones son diferentes. De la misma forma, no todos los errores de los jóvenes son de la misma importancia.

    1. El fracaso en satisfacer nuestras expectativas
    Estos fracasos ocurren a cada momento, ya sea en las actividades deportivas, las artes, los deberes escolares, los debates en equipo, etc. Muchas veces, estos fracasos se deben a que los padres o los jóvenes tienen expectativas irreales. Si la meta es poco realista, el fracaso es inevitable.

    Otra razón por la que algunos jóvenes experimentan fracasos en su desempeño, es porque son presionados a hacer cosas para las cuales tienen pocas aptitudes o ningún interés. Presionar a los jóvenes a hacer cosas que no les interesan, es llevarlos al fracaso.

    2. Los fracasos morales
    La segunda categoría de los fracasos de los jóvenes es mucho más devastadora, tanto para el adolescente como para los padres: son los fracasos morales. Estos fracasos ocurren cuando el adolescente quiebra los códigos morales de la familia. Esto puede suceder de dos maneras:

    • eligiendo conscientemente rechazar los valores morales de la familia y estableciendo los propios, o
    • aceptando los valores de la familia pero no cumpliéndolos.

    Cualquiera de las dos formas ocasiona dolor a los padres y consecuencias al adolescente.

    Agradeciendo por nuestros fracasos y errores

    Aun así, sabemos que de nuestros errores podemos aprender y crecer. Ellos nos recuerdan que somos seres humanos imperfectos. Por ellos podemos dar gracias a Dios y perdonar a nuestros hijos cuando se equivocan, así como Dios nos perdona a nosotros cada vez que nos equivocamos.

    A continuación les sugerimos algunas ideas prácticas para sacar algo bueno de los fracasos morales de nuestros adolescentes. Cuando usamos el fracaso de nuestros jóvenes para mostrarles compasión y restauración, o sea, como dice Rosemond: «cuando hacemos las cosas bien cuando nuestro hijo las hace mal», estamos siendo buenos padres.

    1. No te culpes. La primera respuesta de muchos padres cuando sus hijos fracasan es preguntarse: «¿Qué hicimos mal?».
      • Sin embargo, debemos recordar que a medida que nuestros hijos van creciendo, también va aumentando su capacidad de elegir.
      • Los padres que se culpan a sí mismos en realidad están perjudicando a sus hijos pues, al acusarse ellos, le están quitando la culpa a sus hijos.
      • Cuando esto sucede, va a ser menos probable que el adolescente aprenda de su fracaso y más probable que lo repita en el futuro.
      • Cuando reconocemos fracasos específicos en nuestros patrones pasados de crianza, lo mejor que podemos hacer es confesárselos a Dios y a nuestro adolescente buscando el perdón de ambos, pero no aceptando la responsabilidad por las malas elecciones de tu adolescente.
    2. No des «sermones». Por lo general, el adolescente que ha hecho algo indebido ya se siente culpable.
      • Los jóvenes saben cuándo su comportamiento les causa dolor a sus padres. No hace falta darles sermones.
      • Un joven que se ha equivocado necesita luchar con su propia culpa, pero no necesita más condenación.
    3. No trates de arreglarlo. La respuesta natural de muchos padres es tratar de minimizar lo sucedido.
      • Cuando tratamos de eliminar las consecuencias naturales de la equivocación del adolescente, vamos en contra de su madurez y crecimiento.
      • Los jóvenes aprenden algunas de las más profundas lecciones de la vida cuando sufren en carne propia las consecuencias de sus errores.
      • Cuando los padres eliminan las consecuencias, el adolescente recibe otro mensaje: «Puedo equivocarme, porque otro se hará cargo de las consecuencias». Llegar a esta conclusión le hará difícil aprender a ser responsable.

      Hasta aquí nos hemos enfocado en lo negativo: no te culpes; no des sermones; no trates de arreglarlo. Ahora, nos enfocaremos en lo positivo.

    4. Dale amor incondicional. En primer lugar, demuéstrale a tu adolescente tu amor incondicional.
      • Sus fracasos morales le crean sentimientos de culpa y esta, a su vez, lo aleja de ti haciéndolo esconderse por miedo a tu reprobación.
    5. Escucha con empatía. Los padres necesitamos ponernos en los zapatos de nuestro hijo y tratar de comprender tanto lo que lo llevó a cometer ese error, como lo que siente en el momento.
      • Si el joven percibe que sus padres tratan de comprenderlo y se identifican con sus sentimientos, se sentirá alentado a continuar hablando.
    6. Apóyalo. Una vez que escuchaste y comprendiste los pensamientos y sentimientos del joven, estás en condiciones de darle apoyo emocional.
      • Dile que, aunque no estés de acuerdo con lo que hizo y que no puedes eliminar las consecuencias, deseas que sepa que estás con él y estarás de su lado mientras transite por el proceso de lidiar con las consecuencias de su error.
      • Tu hijo necesita saber que, aunque falló, no está solo en la vida porque alguien lo ama tanto como para acompañarlo en su dolor y dificultad.
    7. Guíalo, ayudándolo a pensar y a tomar decisiones sabias. El hecho que haya cometido una falla no significa que los padres vayan ahora a tomar las decisiones en su lugar.
      • Si no tiene la libertad de esforzarse en solucionar su situación y tomar las decisiones correctas para continuar a partir de ahora, no se convertirá en un adulto responsable.
      • Una manera en la que los padres pueden guiar a sus hijos es ayudándolos a seguir sus pensamientos hasta llegar a una conclusión lógica.
      • Otra forma es expresándoles sus ideas como si fueran posibilidades. Es mucho más útil decir: «Una posibilidad sería…», que decir: «Lo que yo creo que deberías hacer es…».
      • Recuerda: a pesar de su falla, tu hijo sigue deseando desarrollar su independencia e identidad propia.

    CONCLUSION
    El amor es la clave para transformar la tragedia en triunfo. Los padres que aman lo suficiente a sus hijos como para no culparse a sí mismos, no sermonear, no tratar de arreglar sus errores, que escuchan con empatía, les dan su apoyo y su guía, todo dentro de un espíritu de amor incondicional, probablemente verán que, en medio de las consecuencias de sus errores, estarán dando pasos gigantescos hacia la madurez.

    El amor que Dios tuvo con nosotros para enviar a du hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna, es el modelo que tenemos que tomar. No permitas que nada ni nadie te haga sentir ni creer que no vales, porque no es cierto. Dios envió a su Hijo al mundo por ti. Pídele a Dios que te ayude y él te ayudará. En este tiempo de dar gracias es bueno también acercarse a él para pedirle perdón y restitución.

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