El 2 de marzo de cada año se celebra el Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes, el cual nos recuerda que cuidar la mente y el corazón de nuestros jóvenes es tan importante como cuidar su salud física.
Las familias inmigrantes, particularmente aquellos en países como Estados Unidos, enfrentan desafíos adicionales: a veces la familia está lejos, nuestros muchachos crecen en una cultura donde el mundo digital y las presiones académicas se mezclan, y las redes sociales parecen estar presentes en todo momento. Pero, cuando aprendemos a ver más allá de los comentarios y las fotos bonitas en redes, y nos enfocamos en la salud mental de quienes están bajo nuestra influencia, nuestra vida cobra sentido.
En este episodio nos acompaña la psicóloga Sharaís Alvarado, nuestra experta en temas de salud mental para Sentido Latino. Alvarado es venezolana, psicoterapeuta con experiencia trabajando entre adolescentes, tiene una maestría en Psicología Comunitaria de la Universidad Alverno de Milwaukee (Wisconsin, EEUU), y actualmente atiende jóvenes en la Clínica de la Calle 16 de Milwaukee.
La tarea de cuidar a nuestros adolescentes pertenece a todos los que tenemos adolescentes a nuestro alrededor: un sobrino que vive en otra ciudad y te escribe por mensaje, una vecina que pasa mucho tiempo en tu casa, el hijo de tu mejor amigo que te ve como un modelo a seguir. No necesitas ser mamá o papá para marcar la diferencia en la vida de un adolescente. Cualquier adulto que se interese genuinamente por alguno de estos muchachos puede convertirse en un apoyo clave en su bienestar emocional. Así que, aunque estés soltero, o no tengas hijos, lo que compartiremos hoy también es para ti. Recuerda que cuando inviertes en el futuro de alguien, aunque no lleve tu apellido, tu vida tiene sentido.
Reportes de la Organización Mundial de la Salud, análisis del Foro Económico Mundial, estudios universitarios y artículos de medios como La República y El País advierten los desafíos que enfrentan nuestros jóvenes y sobre los peligros de querer ignorarlos.
Según Charlotte Edmond (Foro Económico Mundial, 7 de mayo de 2025), la salud mental de adolescentes en el mundo está en deterioro. Hoy hay más ansiedad, más depresión, más trastornos alimentarios, y –en casos extremos– el suicidio, el cual se ha convertido en la principal causa de muerte en jóvenes de 15 a 29 años.
Esto no es un “ya se le pasará” sino una alerta de que algo profundo necesita atención. Y sí, hay sistemas de salud saturados que no dan abasto, pero eso no significa que como adultos cercanos estemos de brazos cruzados.
Por su parte, Sofía Alexandra Duarte Torres (La República, 2 de agosto de 2025) señala que las redes sociales son vistas por muchos adultos como una gran amenaza: 44 % las considera el principal riesgo para la salud mental, aunque solo 22 % de los jóvenes está de acuerdo. Para los adolescentes, las redes también son un lugar de conexión: 74 % siente que ahí se acerca a sus amigos y 63 % valora que puede mostrar quién es. Esto nos recuerda que no se trata solo de prohibir, sino de entender y guiar.
La catedrática Mireia Orgilés (Cadena SER, 1 de junio de 2025) explica que un exceso de horas frente a la pantalla se asocia con ansiedad, depresión y baja autoestima, sobre todo en niñas, debido a comparaciones constantes y contenido hiriente. Orgilés recomienda fomentar habilidades socioemocionales desde la infancia, es decir, enseñar y practicar, desde pequeños, capacidades que ayudan a los niños y adolescentes a manejar sus emociones, relacionarse sanamente y tomar decisiones responsables. También sugiere regular el contenido, y dar a los adultos herramientas para acompañar de forma efectiva, como dotarnos de estrategias y recursos concretos para guiarlos, apoyarlos y ser una presencia positiva en su vida sin invadir ni controlar.
Asimismo, Klavdija Berginc (en un artículo publicado en El País de España, 11 de agosto de 2025) nos recuerda que no todo en lo digital es negativo. Si se usan con responsabilidad, las redes pudieran ayudar a la aceptación corporal y a la creatividad. Por ejemplo: permite seguir cuentas que promuevan la diversidad y la aceptación corporal, aprender nuevas habilidades mediante tutoriales, participar en comunidades positivas que inspiran, y usar plataformas para expresar su creatividad en música, arte, escritura o proyectos sociales, recibiendo retroalimentación que fortalece su autoestima. Pero la clave está en que los adultos conozcamos las plataformas, sepamos qué ven los adolescentes, y pongamos límites claros. También sugiere regulaciones más estrictas para nuevas funciones y edades mínimas.
1. Cenas sin pantallas. Proponlo en tu casa o en casa ajena cuando estés de visita: a la mesa nadie puede traer el celular, ni permitir que el televisor esté encendido. Ese rato es para hablar, aunque sea de qué comieron o qué chiste escucharon. Poco a poco, esos espacios se vuelven la puerta a conversaciones más profundas.
2. Un paseo semanal sin tecnología. Inspirado en lo que menciona Orgilés sobre fomentar relaciones reales: un día a la semana, salgan a caminar o a dar una vuelta, y dejen los teléfonos guardados. Esto lo puedes hacer como padre, tío, abuelo o amigo de confianza.
3. Revisar juntos el contenido digital. Siguiendo lo que comenta Berginc, dedica un rato al mes para ver con el adolescente los videos o publicaciones que más le impactaron. Pudieras preguntarle: “¿Qué te hace sentir esto?”. ¡Ese diálogo vale oro!
4. Refuerzos positivos fuera de redes. Muchos buscan en redes la validación que no reciben en persona. Sé tú quien le dé palabras de afirmación necesarias: “Me encanta cómo ayudas a otros” o “Tienes una paciencia admirable”.
5. Rutinas de descanso emocional. Basado en el Foro Económico Mundial, anima a tener un momento al día para desconectar: dibujar, escuchar música tranquila, leer, orar o simplemente estar en silencio.
6. Habilidades socioemocionales en la vida real. Aprovecha cualquier momento: si pierden en un juego y se molestan, ayúdales a reconocer esa frustración y encontrar otra forma de reaccionar.
Además, siguiendo la recomendación de Mireia Orgilés sobre fomentar habilidades socioemocionales desde la infancia, podemos enseñar desde ya a nuestros adolescentes a:
· Reconocer y nombrar sus emociones.
· Escuchar de forma activa.
· Manejar la frustración con técnicas sencillas como respiración o pausas.
· Resolver conflictos pacíficamente.
· Desarrollar empatía poniéndose en el lugar de otros.
· Trabajar en equipo valorando el aporte de cada uno.
· Tomar decisiones responsables pensando en las consecuencias.
Y para que los adultos podamos acompañar de forma efectiva, necesitamos herramientas claras como:
· Aprender a identificar señales de alerta en salud mental como notar cambios repentinos y persistentes en el adolescente. Esto incluye aislamiento, alteraciones en el sueño o apetito, bajo rendimiento escolar, irritabilidad o tristeza prolongada, expresiones de desesperanza, conductas de riesgo o autolesiones, preocupación excesiva por su cuerpo, y comentarios —aunque sean en broma— sobre la muerte o el suicidio.
· Usar comunicación positiva con preguntas abiertas. En vez de preguntar “¿Todo bien en la escuela?”, que suele dar un “sí” o “no” como respuesta, pudiéramos decir: “¿Qué fue lo mejor y lo más difícil de tu día en la escuela?”. Esto abre la puerta a una conversación real.
· Modelar el autocuidado en nuestras propias rutinas. Si quieres que ellos descansen bien, muéstrales que tú también apagas el teléfono una hora antes de dormir y lees un libro o tomas un té tranquilo.
· Establecer límites coherentes y consistentes. Si acuerdan que no se usarán pantallas después de las 9 p.m., cúmplelo tú también. Esto evita el “¿y por qué tú sí puedes?”.
· Conocer el mundo digital que ellos habitan. Descarga la misma aplicación que usan, por ejemplo, TikTok, y revisa juntos videos populares para comentar qué les gusta y qué no.
· Aplicar técnicas de resolución de conflictos. Si hay una discusión por los quehaceres, en lugar de gritar, para la conversación y di: “Vamos a calmarnos cinco minutos y luego buscamos una solución que funcione para los dos”.
· Conectar con recursos comunitarios como consejeros escolares, grupos juveniles o programas deportivos y artísticos. Por ejemplo, si tu adolescente muestra interés por la música, acompáñalo a inscribirse en la banda juvenil de la iglesia o en un taller local de guitarra.
Todas estas acciones y herramientas que hemos mencionado —desde conversaciones más abiertas hasta conocer el mundo digital de los jóvenes— son muy valiosas para cuidar su bienestar emocional. Pero acompañar a un adolescente no es solo una tarea técnica o una lista de pasos; también es un acto profundamente humano y, para quienes vivimos nuestra fe, un llamado espiritual.
Filipenses 4:6-7 dice:
“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”.
Como adultos que queremos cuidar el corazón y la mente de los adolescentes, en nuestras vidas nosotros también cargamos con preocupaciones reales. Nos inquieta su seguridad, sus emociones, su futuro. Este pasaje nos recuerda que no estamos solos en esta tarea. Podemos entregar nuestras cargas y las de ellos a Dios, y confiar en que Él cuida su corazón y su mente… y también la nuestra.
Cuando entregas a Dios tu ansiedad y la de tus adolescentes, tu vida tiene sentido. No significa que dejes de actuar, sino que lo hagas con paz, sabiendo que no llevas la carga solo. Ora con ellos, enséñales que buscar a Dios es parte de la vida diaria, y que esa relación les da un fundamento sólido en medio de un mundo que a veces se siente sin sentido.
Hoy hablamos de la importancia de cuidar el corazón y la mente de los adolescentes que Dios ha puesto en nuestro camino. Vimos cómo las redes sociales, el uso excesivo de pantallas, la presión académica y los cambios emocionales propios de la edad pueden afectar su bienestar, pero también descubrimos que hay maneras prácticas y sencillas de apoyarlos.
Cada conversación que tienes, cada momento de atención, cada vez que eliges guiar en lugar de ignorar, estás dejando una huella que puede cambiar el rumbo de una vida. Porque cuando decides cuidar, orientar y amar a un adolescente con constancia y fe… tu vida tiene sentido.