January 11, 2024

La realidad de un nuevo año

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Después de las festividades de fin de año, es común sentirnos estancados y con emociones conflictivas. Pero no todo está perdido. Podemos aprender a gestionar esas emociones de manera saludable para salir del estancamiento y navegar por nuestras emociones de manera efectiva, logrando así los objetivos que nos propongamos.

Introducción

Bueno, ya terminaron las fiestas. Ahora nos toca enfrentar la realidad de un nuevo año. Quizá nada ha cambiado, quizá tenemos expectativas no cumplidas, desilusiones, etc. y nos toca gestionar esas emociones. El asunto es que a veces nos sentimos estancados.

Así es que el día de hoy queremos conversar de cómo salir del estancamiento y gestionar nuestras emociones de manera saludable. Y vamos a usar algunos consejos del libro “Conviértase en un Pacificador Impactante” del Dr. Samuel Inbaraja y unos artículos interesantes.

A veces hay situaciones en la vida que nos hacen preguntarnos: “¿Cómo llegué a este punto?”. Nos sentimos completamente atrapados y estancados, como si estuviéramos en un atolladero sin salida. No sólo no hemos logrado alcanzar nuestras metas futuras, sino que hasta nos parece que ya no son posibles.

Veamos qué podemos hacer para salir de ese estancamiento emocional que suele atraparnos al inicio del año:

1. Simplificar y cambiar de rumbo. Cuando nos sentimos atrapados en una situación desalentadora, no necesitamos revisar toda nuestra vida. En lugar de eso, busquemos qué es lo que nos molesta o lo que no está funcionando, y hagamos los ajustes necesarios para ir por un camino más prometedor.

2. Buscar opciones. Si lo que queremos es hacer un cambio de vida, escribamos una lista con todas las opciones que se nos ocurran de cosas que podríamos o nos gustaría hacer.

3. Experimentar. De nada sirve anotar muchas ideas u opciones si no las probamos. Así que lo que sigue es animarnos a probar las que más nos interesen. Solo así podremos descubrir el camino que queremos seguir, y además al hacerlo aprenderemos mucho sobre nosotros mismos.

4. Excelencia vs perfección. El perfeccionismo nos hace infelices. En lugar de buscar la perfección absoluta, busquemos la satisfacción y esforcémonos por obtener la excelencia.

Así que, si después de las fiestas te encuentras atrapado en un mar de emociones encontradas entre el año terminado y el nuevo año que acaba de comenzar, es hora de manejar esas emociones que generan conflicto dentro de nosotros.

Cuando surge un conflicto con otras personas o incluso con uno mismo, las emociones pueden intensificarse rápidamente. El miedo, la ira, la frustración y la decepción son sentimientos que pueden nublar nuestro juicio. Ahí es donde entra en juego la inteligencia emocional. Es como una brújula que nos guía en la tormenta de emociones, permitiéndonos navegar por la vida de manera efectiva.

Cuando hablamos de inteligencia emocional, nos estamos refiriendo a la capacidad de reconocer, comprender, gestionar y utilizar nuestras propias emociones y las de los demás de manera positiva y constructiva. En otras palabras, se trata de ser conscientes de lo que sentimos, entender por qué nos sentimos así y cómo nuestras emociones pueden afectar a los demás.

Imagínate esto: estás en medio de una discusión acalorada. Tu corazón late fuerte y sientes una gran ira. Pero luego respiras profundamente, reconoces tu ira y comprendes que proviene de una sensación de injusticia. Eliges expresar tus sentimientos de manera tranquila y constructiva, en lugar de actuar impulsivamente. Eso, mi amigo, es la inteligencia emocional en acción.

Veamos lo que significa ser emocionalmente inteligentes:

1. Reconocer nuestras emociones: Somos capaces de reconocer y comprender nuestras propias emociones, lo cual nos permite gestionarlas de manera efectiva. Al ser conscientes de nosotros mismos, podemos identificar lo que estamos sintiendo en un momento dado y entender cómo nuestras emociones afectan nuestros pensamientos y acciones.

2. Gestionar nuestras emociones: Al ser conscientes de nuestras emociones, podemos aprender a manejarlas. Esto puede significar tomar respiraciones profundas para calmarnos, hacer una pausa para despejar la mente o utilizar un diálogo interno positivo para cambiar nuestro estado emocional.

3. Tener conciencia social: Tenemos conciencia social, o sea, reconocemos y comprendemos las emociones de los demás. Esto nos ayuda a comprender la posición de la otra persona, lo que fomenta la empatía y una comunicación más efectiva.

4. Gestionar nuestras relaciones: Utilizamos la comprensión de nuestras propias emociones y las de los demás para gestionar las interacciones de manera exitosa. Esto implica establecer conexiones positivas, resolver conflictos de manera constructiva y fomentar relaciones saludables.

Estas características de la inteligencia emocional nos ayudan a navegar las situaciones emocionales, especialmente después de las festividades de fin de año, permitiéndonos gestionar nuestras emociones de manera más efectiva y establecer relaciones más saludables con los demás.

Veamos ahora cómo se demuestra la inteligencia emocional en nuestra vida de todos los días.

1. Valoramos los triunfos de los demás sin compararnos. Cada persona tiene su propio camino, por lo que celebramos los logros de los demás sin sentirnos menos.

2. Aceptamos nuestros errores y nos perdonamos a nosotros mismos. Todos cometemos errores; lo importante es aprender de ellos y seguir adelante sin estancarnos en la culpa.

3. No dejamos que las emociones nos controlen. Entendemos que sentirnos bien o mal son emociones pasajeras, por lo que no nos quedamos atrapados en ellas.

4. Analizamos nuestras reacciones emocionales. Entendemos por qué nos sentimos de cierta manera y sabemos manejar esas emociones.

5. Reconocemos las emociones correctas. Por ejemplo: no confundimos el enojo con la tristeza, sino que identificamos y comprendemos lo que realmente estamos sintiendo.

6. Evitamos los estimulantes que pueden alterar nuestras emociones, como el alcohol o las drogas y buscamos formas saludables de manejar nuestras emociones.

7. Entendemos que cada persona es única y tiene sus propias experiencias. No generalizamos nuestras emociones para todos, pero sí podemos encontrar puntos en común.

8. Encontramos un equilibrio entre nuestros éxitos y errores. No nos dejamos llevar por el ego o la autocompasión excesiva. Reconocemos nuestras fortalezas y aprendemos de nuestros errores.

Ya saben que yo siempre busco consejos en la Biblia, ya que en ella Dios nos da enseñanzas valiosas para cada aspecto de nuestra vida, y eso incluye nuestras emociones.

La Biblia nos insta a tener dominio propio y a controlar nuestras emociones. Por ejemplo, en Proverbios 16:32 se nos enseña: “Ser paciente es mejor que ser valiente; es mejor dominarse uno mismo que tomar una ciudad.” Esto nos recuerda la importancia de no dejarnos llevar por las emociones, sino ejercer control sobre nuestras respuestas.

La Biblia también enfatiza el amor y la empatía hacia los demás. En Efesios 4:32 leemos: “sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo.” Practicar el amor y la empatía nos ayuda a gestionar nuestras emociones en nuestras relaciones con los demás.

Cuando estudiamos y aplicamos estos principios simples pero sabios, podemos cultivar una mayor comprensión de nosotros mismos y de los demás, así como una relación más profunda con Dios.

Conclusión

Hoy hemos dicho que, si en este año nuevo nos encontramos estancados, es importante que reconozcamos, comprendamos y gestionemos nuestras propias emociones. También hemos dicho que es importante que seamos conscientes de las emociones de los demás, para así navegar por situaciones difíciles de manera efectiva. Al hacerlo, podemos superar el estancamiento, generar nuevas ideas, simplificar nuestro enfoque y trabajar hacia la excelencia en lugar de perseguir la perfección.

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“Sanos desde adentro”

Seamos emocionalmente inteligentes para así seguir creciendo como personas y establecer relaciones saludables. Recordemos que la inteligencia emocional es como un músculo: mientras más la ejercitamos, más fuerte se vuelve. Cuando mejoramos nuestra inteligencia emocional, podemos resolver conflictos de forma positiva, fortalecer relaciones y crear un ambiente armonioso.

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