Hoy queremos hablar acerca de cómo la mentoría —eso que ocurre cuando alguien te guía o tú estás dispuesto a guiar a otro— puede ayudarnos a encontrar más sentido en lo que vivimos cada día.
Y no hay mejor momento para hablar de esto que ahora, en enero, cuando el año comienza y muchos estamos pensando en cómo crecer, qué cambiar, o cómo encontrar una mejor dirección para nuestra vida. Este es un buen momento para buscar un mentor… y también para decidir ser mentor de alguien.
Piénsalo: todos hemos sido guiados por alguien, y sin darnos cuenta, también hemos sido guía para otros. Esa dinámica de recibir y dar… se llama mentoría.
Porque cuando reconoces que puedes aprender y enseñar al mismo tiempo, tu vida tiene sentido.
Un mentor es alguien que te orienta desde su experiencia. No se trata de alguien perfecto ni de un experto en todo, sino de alguien que ha pasado por situaciones similares a las tuyas y está dispuesto a compartir contigo lo que ha aprendido.
Un mentor puede ser un familiar, un líder comunitario, un colega en el trabajo o alguien que ha recorrido un camino que tú apenas estás empezando.
Según un artículo de la Universidad de Southampton, una relación de mentoría puede ayudarte a ganar claridad, confianza y sentido de dirección (https://www.southampton.ac.uk/professional-development/mentoring/benefits-of-a-mentoring-relationship.page).
Quizás te estés preguntando por qué es tan importante tener un mentor. Y es que, especialmente como latinos en Estados Unidos, es común sentir que uno está solo y dejarse abrumar por todas las cosas que hay que afrontar y resolver. Pero un mentor te ayuda a no cargar todo el peso tú solo. Esa persona te puede dar perspectiva, advertirte sobre errores comunes, conectarte con recursos y motivarte cuando pierdes el ánimo.
Muchas veces lo que más necesitamos es alguien que nos diga “así es como yo pasé por eso y salí adelante”. Porque cuando alguien cree en ti y te acompaña en el proceso, tu vida tiene sentido.
Si quisieras tener un mentor, peo no tienes idea de cómo encontrar uno, aquí van algunas ideas prácticas para comenzar:
1. Identifica tus metas. Pregúntate qué necesitas aprender o mejorar, o con qué necesitas ayuda, para saber a quién buscar.
2. Mira a tu alrededor. A veces esa persona está cerca: en tu iglesia, en tu trabajo, en tu familia.
3. Haz preguntas. Acércate con respeto. “¿Podrías compartir conmigo cómo hiciste esto?” puede ser el inicio de una relación de mentoría.
4. Busca en organizaciones. Hay programas para latinos que conectan a personas con mentores según su área de interés. Dos de ellas son:
a. ALPFA: Association of Latino Professionals For America
Sitio web: www.alpfa.org
b. MANA: A National Latina Organization
Sitio web: www.hermana.org
5. Sé intencional. Agradece, escucha y aplica lo que recibes. La mentoría funciona cuando hay disposición de aprender. Y recuerda: el mentor no tiene que darte todas las respuestas, sino ayudarte a encontrar las tuyas.
La otra cara de la mentoría, es ser tú un mentor para otra persona.
Sí, así como lo oyes. Aunque no te des cuenta, muchas personas te está observando. Tu cónyuge, tus hijos, tus compañeros, tus vecinos. Aunque no hables, todos ellos reciben algún mensaje de tu parte. Lo que haces, cómo reaccionas, cómo enfrentas los problemas, todo habla de ti.
Entonces, la pregunta no es si eres mentor o no. La pregunta es: ¿qué clase de mentor estás siendo?
Porque cuando reconoces tu influencia y decides usarla bien, tu vida tiene sentido.
Ser mentor no requiere ser perfecto. Solo requiere estar dispuesto a caminar al lado de otro. Aquí hay algunas ideas claras:
1. Cuenta tu historia. Tus errores, tus caídas, tus logros… todo tiene valor cuando se comparte con humildad.
2. Haz preguntas que hagan pensar. En lugar de dar soluciones, ayuda a la persona a descubrir las respuestas.
3. Escucha más y habla menos. Un buen mentor sabe cuándo callar y cuándo hablar.
4. Sé constante. No se trata de una sola charla. Acompañar requiere presencia.
5. Da el ejemplo. Recuerda que tu forma de vivir habla más fuerte que cualquier consejo. Y lo más importante: ofrece mentoría sin querer controlar. Guiar no es imponer, sino acompañar.
Estamos hablando de recibir y dar mentoría. Este es un camino de ida y vuelta. No es que primero tienes que “llegar” para poder ser mentor. Muchas veces, mientras acompañas a alguien, tú también creces.
Piensa en quién te ha guiado. Ahora piensa en quién necesita tu guía. Tal vez hay una joven en tu comunidad que necesita una hermana mayor. Tal vez hay un compañero nuevo que necesita ayuda con algo que tú ya sabes hacer bien.
La Biblia tiene mucho que decir sobre las relaciones, sobre el acompañamiento, y sobre cómo edificarnos unos a otros. Porque cuando buscamos guía en la Palabra de Dios, nuestra vida tiene sentido… y también nuestras relaciones de mentoría.
Proverbios 27:17 dice: “El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre”.
Estas palabras nos recuerdan que no fuimos creados para vivir solos. Crecemos cuando caminamos con otros. Nos pulimos mutuamente. Nos edificamos.
Dios nos pone personas en el camino no solo para ayudarnos, sino también para que nosotros las ayudemos. La mentoría es un reflejo de ese amor práctico: escuchar, orientar, animar… como lo hizo Jesús con sus discípulos.
Te invito a pensar: ¿Quién ha sido un hierro para ti? ¿Y a quién puedes tú afilar con tu tiempo, tu experiencia y tu presencia?
Hoy hemos visto que la mentoría es más que dar consejos. Es una forma de vivir con propósito, de acompañar, de aprender, y de dejar huella. Hemos dicho que:
• Todos hemos recibido mentoría, y todos la hemos dado.
• Un mentor no tiene que saberlo todo, solo tiene que estar dispuesto a compartir.
• La mentoría se construye con humildad, ejemplo, constancia y amor.
• Enero es un buen momento para buscar guía y también para ofrecerla.
Así que no lo pienses mucho: este puede ser el momento justo para acercarte a alguien y decirle: “Me gustaría aprender de ti”. O mirar a tu alrededor y preguntarte: “¿A quién puedo acompañar yo con lo que sé?”
Porque cuando aprendes con humildad y acompañas con amor… tu vida tiene sentido.