November 28, 2019

¿Por qué a mí? – Parte 1

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A todos nos suceden cosas que nos duelen y nos parecen injustas. Creemos que, si somos buenas personas y no le hacemos mal a nadie, no debería pasarnos nada malo. Pero la realidad no es así. ¿Qué podemos hacer para remontarnos por encima de las desgracias y tragedias de la vida?

Detalle de lo tratado

  1. ¿Por qué a las personas buenas les suceden cosas malas?
  2. Remontándonos por encima de las tragedias
  3. Prácticas saludables en medio de las tragedias

Introducción
La verdad es que las tragedias nos confunden, nos aturden y nos crean muchas preguntas. Ante una tragedia, muchas personas se preguntan: ¿por qué a las personas buenas les suceden cosas malas? O, ¿por qué a mí? La respuesta es simple: mis faltas le lastiman a usted y sus faltas me lastiman a mí.

Pero también debemos recordar que las tragedias son parte de la vida y no el fin de ella. En este día de Acción de Gracias queremos aprender a remontarnos por encima de las tragedias y encontrar razones para estar agradecidos aún en medio de ellas.

1. ¿Por qué a las personas buenas les suceden cosas malas?

Antes de responder a esta pregunta, quisiera contarles que dos de nuestros hijos ya tienen licencia de conducir. Para obtenerla, tuvieron que pasar primero un examen escrito sobre todas las leyes y señales de tránsito. Después tomaron una clase donde les mostraban videos de accidentes de tránsito y los ponían a manejar supervisados.

Recién después de un año con el permiso de manejo y práctica supervisada, pudieron obtener la licencia de conducir. Y me alegro mucho por ese proceso porque, quien conduce sin conocer las leyes de tránsito o sin ponerlas en práctica, pone en riesgo su vida y la vida de los demás conductores y peatones.

¿Qué tiene que ver todo esto con las tragedias? Así como las leyes de tránsito nos protegen de fatalidades, las leyes de Dios y las leyes civiles están designadas para lo mismo: para nuestra protección y la de nuestro prójimo. Pero cada vez más los seres humanos decidimos vivir como nos da la gana, sin querer obedecer o conocer la ley.

Es entonces cuando mis faltas a la ley resultan en lesiones a mi prójimo y las faltas de mi prójimo me lesionan a mí. Las tragedias y desgracias que enfrenta la humanidad son consecuencia de nuestra desobediencia a las leyes de Dios. Cada quien quiere hacer lo que le plazca sin tener en cuenta a los demás y a Dios.

A las personas buenas les pasan cosas malas porque, en realidad, no hay personas 100% buenas. Todos nos equivocamos y fallamos, y cada una de nuestras faltas tiene consecuencias personales y en nuestra sociedad.

2. Remontándonos por encima de las tragedias

Lo cierto es que no podemos controlar todo lo que pasa en nuestra vida, pero sí podemos controlar cómo respondemos. Los seres humanos tenemos la capacidad de convertir las tragedias en catalizadores para un cambio positivo. Podemos usar las tragedias como gasolina para empoderarnos, fortalecernos interiormente y, sobre todo, para encontrar motivos para estar agradecidos.

Quizás valga la pena que sigamos estos consejos:

  • Enfrenta la realidad, por más cruel que sea
    • Pregúntate: qué ocurrió, qué significa, cómo te afecta a ti, cómo afecta a otros, cuáles son los efectos a corto y largo plazo.
  • Date permiso para sanar
    • Lo que pasó, pasó. Perdónate por los errores que cometiste y perdona a otros. Acepta la responsabilidad de tu vida en estos mementos y comprométete a lidiar con tu nueva realidad.
  • Busca la perspectiva correcta para enfrentar tu tragedia
    • ¿Cuál es el valor verdadero de esta tragedia? ¿Cuáles son los aspectos positivos que has ignorado? ¿Te está obligando a hacer algo que has estado evitando hacer? ¿A quién puedes ayudar ahora como resultado de tu tragedia?
  • Responde a tu tragedia tratando de encontrar aspectos positivos y motivos de agradecimiento.

    Por ejemplo, piensa que esta tragedia te va a ayudar a:

    • Desarrollar tu creatividad para encontrar soluciones.
    • Despertar la sabiduría oculta en ti.
    • Reconocer puertas abiertas para nuevos comienzos u oportunidades.
    • Prepararte para nuevos retos en el futuro.
    • Ser más flexible y adaptable.
    • Ser más compasivo con los demás.

3. Prácticas saludables en medio de las tragedias

  • Es muy fácil desesperar y sentirnos ahogados en medio de una tragedia, pero allí podemos acudir a Dios. Él siempre nos escucha y promete estar siempre con nosotros.
  • No trates de atravesar solo tus momentos difíciles. Rodearse de personas positivas que nos aman es una manera eficaz de lidiar con una tragedia.
  • Tomar un tiempo para ejercitarse cada día es de mucho beneficio para nuestro cuerpo, sobre todo cuando estamos bajo estrés por causa de una tragedia.
  • Recuerda que el dolor de las tragedias es temporal y que pronto pasará.
  • Usa el arte para expresar tus emociones.

Muchas personas se preguntan por qué a las personas buenas les suceden cosas mala, o ¿por qué a mí? La verdad es que las tragedias son parte de la vida.

En este día de acción de gracias podemos remontarnos por encima de las tragedias y encontrar razones para estar agradecidos. Martin Seligman, pionero de la psicología positiva dijo:

“La vida inflige los mismos contratiempos y tragedias en el optimista y en el pesimista;
pero el optimista las resiste mejor.”

Un corazón agradecido en el día de acción de gracias no es un corazón libre de tragedias, sino un corazón fuerte que decide encontrar motivos para dar gracias en toda situación.

PARA REFLEXIONAR

  • Solo por hoy, deja de lado todas las cosas que no son como quisieras que fueran.
  • Haz una lista de al menos cinco cosas por las cuales estás agradecido y comparte esa lista con alguien.

¿QUÉ NOS DICE LA BIBLIA?

  • Por todos lados nos presionan las dificultades, pero no nos aplastan. Estamos perplejos pero no caemos en la desesperación. Somos perseguidos pero nunca abandonados por Dios. Somos derribados, pero no destruidos… Sabemos que Dios, quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará ante sí mismo junto con ustedes… Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre. 2 Corintios 4:8-9, 14, 16-18 (NTV)

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