La última palabra la tiene Dios

Regresa

Cada una de nuestras cicatrices cuenta una historia. Algunas experiencias de la niñez dejaron huellas profundas: palabras que hirieron, culpas que nos persiguen o recuerdos que nos llenan de tristeza. Estas marcas pueden acompañarnos toda la vida, influyendo en cómo pensamos, sentimos y actuamos. Sin embargo, la Palabra de Dios nos muestra que Cristo es capaz de sanar lo más profundo de nuestro ser y darnos una nueva identidad. En Isaías 43 dice:

“Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo!”
(Isaías 43:18-19 NVI).

Las culpas y cicatrices de la niñez pueden acompañarnos, pero no tienen la última palabra. En Cristo encontramos sanidad, perdón y libertad. Él convierte nuestro dolor en testimonio de Su gracia y nos enseña que nuestra verdadera identidad está en ser los hijos amados del Todopoderoso.

La última palabra la tiene Dios

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