• febrero 17, 2022
  • ¿Qué son los límites sanos?

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  • INTRODUCCIÓN
    «¡Si yo no lo hago, nadie lo va a hacer!» ¿Te suena familiar? A veces nuestra vida está llena de cosas; ¡demasiado llena! Llevamos una carga enorme y nadie más parece estar dispuesto a colaborar. Somos capaces y tenemos mucho que ofrecer, pero ¿por qué nos sentimos como que no podemos más? No sabemos qué, pero sentimos como que algo se nos ha roto por dentro.

    Este programa está dedicado a todos los que en estos momentos se sienten desalentados, golpeados y agotados, o incluso usados. Es para quienes sopesan las consecuencias negativas imaginarias de cuidarse a sí mismos y deciden que, para no molestar a los demás o arriesgar sus amistades, seguirán haciendo todo lo que siempre han hecho, aunque sea demasiado.

    Pero ¡al enojarnos en silencio, así como al negarnos a reconocer nuestras limitaciones, estamos poniendo a nuestras amistades y hasta nuestra salud en un peligro peor!

    De eso queremos hablar en este programa, y para eso hemos echado mano de un folleto muy interesante titulado «Límites sanos». Lo puedes descargar de forma gratuita en la sección Recursos de esta página web.

    TIPOS DE LÍMITES PERSONALES

    1. Entre paredes
    ¡Una forma solitaria de vivir! Las personas que viven levantando paredes no están conectadas, sino completamente separadas de los demás por las paredes que han levantado.

    2. Sin límites
    ¡Una forma agotadora de vivir! Una persona sin límites está conectada con otros, pero no tiene un yo aparte. Las personas sin límites no pueden saber cuándo están abusando de otros o cuándo otros están abusando de ellos.

    3. Límites dañados
    ¡Una forma confusa de vivir! La persona con límites dañados a veces es independiente, a veces está enredada con otros y a veces está demasiado conectada. Esta persona determina sus límites personales de acuerdo a sus sentimientos y no a elecciones reflexivas.

    4. Límites sanos
    ¡Una buena forma de vivir! Volviendo al ejemplo de la cerca del jardín, observa que la cerca es lo suficientemente baja como para permitir que alguien en el interior esté separado, pero conectado con otros.

    EL CAMINO AL AUTODESCUBRIMIENTO
    A veces nos resistimos a admitir que tenemos limitaciones de cuerpo, mente y espíritu… por lo que seguimos dando y esforzándonos más por satisfacer las necesidades de los demás, pero ignorando las nuestras. Parece que en algún momento de nuestra vida aprendimos que no es bueno tener límites, ¡aunque todos los humanos tenemos límites naturales! Nadie puede hacer todo y nadie puede hacerlo todo a la perfección, ¡pero que nadie trate de decirme eso cuando creo que, si me esfuerzo, podría ayudar a mi familia o una amiga!

    Cuando ignoramos nuestras propias necesidades y nos agotamos, sentimos resentimiento hacia nuestros amigos y familiares. Si alguien nos pide algo nos sentimos obligados a dárselo, pero luego nos enojamos con ellos por haberlo pedido, o nos enojamos con nosotros mismos por dejarnos invadir tan fácilmente. Cuando esto sucede, nuestro tiempo y energía están comprometidos con los demás y nuestro espíritu comienza a decaer. Lo peor de todo es que la ayuda cálida y generosa que queremos dar se convierte en un deber a regañadientes.

    ¿Te identificas con esto? ¿Será que la falta de límites personales sea la razón por la que a menudo te agotas física y emocionalmente? ¿Podría ser por eso que sientes tanta ansiedad y confusión en tus relaciones personales?

    La verdad es que los límites personales sanos pueden ayudarnos más a tener relaciones sanas que todas nuestras prisas, ayudas, exceso de trabajo y de compromiso combinados. Los límites sanos en realidad apoyan y sostienen relaciones sanas.

    Así comienza nuestro viaje de autodescubrimiento, que finalmente conduce a un autocontrol libre de culpa. ¿De qué estamos hablando? De la capacidad de hacer compromisos realistas que a veces implican decir un «sí» entusiasta, y otras veces un «no» seguro.

    Cuando establecemos límites sanos experimentamos menos estrés y ansiedad, ya que estos nos ayudan a ser las personas que queremos ser.

    El descubrir tus propios límites sanos reforzará lo que ya sabes que es saludable y te ayudará a acercarte a la libertad, la paz, el autocontrol y la confianza en ti mismo. Descubrirás que la calidad de una relación no se mide por el nivel de tu actividad o la profundidad de tu agotamiento, sino por un equilibrio entre respetar al otro y respetarte a ti mismo. Y esa es una excelente forma de vivir.

    ¿QUÉ SON LOS LÍMITES PERSONALES?
    Los límites personales son los parámetros invisibles o simbólicos que marcan dónde termino yo y dónde comienzan los demás. Comprender esto es clave para entender cómo tener relaciones sanas. Otra forma de pensar sobre los límites personales es imaginándolos como una cerca que marca tu jardín y de lo que eres y no eres responsable.

    Tener límites personales sanos nos ayuda a evitar las trampas del exceso de trabajo, la preocupación poco saludable por el bienestar de los demás y lo que se ha llamado «la enfermedad de agradar». Una persona con límites personales sanos envía la señal de que se respeta a sí misma y a sus limitaciones, y que tiene la intención de respetar a los demás y honrar también sus limitaciones.

    Las personas con límites saludables toman en cuenta lo que otros piensan de ellos y desean su aprobación. Sin embargo, la aprobación que otros les dan o retienen no se convierte en la razón principal de sus elecciones de vida, pues saben que ese lugar particular de influencia le pertenece solo a Dios. Aclarar eso en nuestra mente alivia gran parte del miedo a la desaprobación que nos aleja de los demás.

    Los límites sanos nos desafían a ocuparnos adecuadamente de nuestras cosas y a pedir permiso para entrar en el jardín de otra persona. Cuando mostramos respeto a los demás reconociendo su responsabilidad por sus propias vidas, podemos evitar el resentimiento y la hostilidad.

    CONCLUSIÓN
    Cuando creamos dependencia y obligación en los demás por ayudar demasiado, tarde o temprano vamos a encontrar que, bajo la dependencia que hemos inculcado, está acechando el resentimiento. En ese sistema de trueque interno, a menudo la ingratitud y la ira son la recompensa.

    Pero cuando tenemos límites saludables no nos sentimos desalentados, golpeados ni agotados por los demás. Y mucho menos usados. Tampoco pensamos que hay consecuencias negativas si nos cuidamos a nosotros mismos así que decidimos que, aunque se molesten los demás, no haremos más de lo que nuestros límites nos permitan.

    Porque hemos aprendido que ¡al enojarnos en silencio, así como al negarnos a reconocer nuestras limitaciones, estamos poniendo a nuestras amistades y hasta nuestra salud en peligro!

    La persona con límites personales saludables:

    * Cuida de sí misma. Cuando estamos separados pero conectados con los demás, nos conocemos nuestras limitaciones y estamos dispuestos a cuidarnos sin depender de que los demás satisfagan nuestras necesidades.

    * Tiene coraje y confianza para pedir lo que necesita de los demás, entendiendo que ellos pueden asentir, rechazar o negociar lo que le ha pedido.

    * Disfruta el cuidado que otros le dan. Los límites sanos nos ayudan a recibir de los demás al reconocer nuestras necesidades y «abrirnos» en nuestros límites para permitir que se acerquen las personas que elegimos.

    * Acepta ayuda. Los límites sanos nos liberan de tener que fingir que todo en nuestra vida está siempre bien, lo que nos permite aceptar la ayuda de otros.

    * Disfruta ayudar a otros. Cuando ofrecer ayuda a otros surge de la integridad, la salud y el autoconocimiento, y no del miedo o la inseguridad, no solo disfrutaremos el servir a los demás sino que sabremos cómo servir de una manera que respete los límites de los demás.

    En la segunda parte de este programa estaremos enlistando 10 pasos para que nos ayudarán a tener límites sanos y gozar de todos los beneficios que aprendimos hoy. No te lo pierdas.


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